¿Son divertidas las matemáticas?

Miércoles, 3 de marzo de 2010 a las 11:40

Dejemos una cosa clara: lo que es divertido no es aprender música. Lo que sí es muy divertido es saber tocar un instrumento. “Ya”, dice un psicopedagogo inveterado, “lo que pasa es que yo he creado un método para aprender música que es muy divertido”. Pues qué bien. Felicidades. No dudo de que lo haya hecho. De lo que sí dudo y mucho es que el tipo de diversión sea el mismo cuando aprendes y cuando haces música. Me explico, creo que cuanto más divertido es el método de enseñanza menos interesante es lo que se ha aprendido.

Antes de continuar voy a hacer una precisión semántica: no es lo mismo divertido que interesante. Lo divertido requiere de estímulos externos y lo interesante genera estímulos internos. Según esto no hay actividad realmente interesante cuyo aprendizaje sea realmente divertido. Y puestos ya: “no hay aprendizaje interesante que no conlleve un esfuerzo”. Y aquí está el quid de la cuestión. Cuando estamos proponiendo un aprendizaje “divertido” estamos, lo queramos o no, eludiendo el esfuerzo que conlleva todo aprendizaje.

Dicen los expertos en fisiología que cuando alguien se pega un chute de heroína o similar lo que hace en realidad es utilizar un agente químico externo que libera una droga interna que es la que realmente sumerge al sujeto en un supuesto paraíso. No dudo de que el objeto de nuestra existencia sea el de drogarnos de alguna u otra forma. A los que tienen la suerte de disfrutar con la música les sucede algo similar, cuando oyen un preludio de Bach, por poner un ejemplo, se liberan determinadas endorfinas en el cerebro que sumergen al sujeto en alguna que otra forma de éxtasis. La calidad del placer es diferente en ambos casos y la dependencia generada también. Estoy exagerando para hacerme entender, pero lo que quiero decir es que inyectarse heroína es fácil y llegar a apreciar la música de Bach es un proceso que requiere de nuestra participación a muchos niveles.

Conclusión: aprender matemáticas no debería ser divertido, pero sí interesante. Y en este sentido la pregunta ¿cómo podemos hacer las matemáticas más divertidas? es una pregunta muy poco interesante.

En todo caso, la pregunta que se tercia es ¿Cómo podemos facilitar la compresión de las matemáticas?, porque a nadie le quepa ninguna duda de que cuando las entiendes te lo puedes pasar pipa, de la misma forma que cuando tienes un instrumento en las manos y eres capaz de leer una partitura (por cierto un lenguaje mucho más críptico que el del álgebra) tu capacidad de sentir placer aumenta de nivel. Ambos son placeres reservados a unos pocos, pero al alcance de cualquiera.