Una de las más profundas reformas que se han producido en el álgebra vino de la mano de Emmy Noether, la que sin duda ha sido la mujer matemática más importante de la historia.
Emmy Noether nació el 23 de marzo de 1882 en Erlangen, una pequeña ciudad alemana situada al sur de Göttingen y un lugar de absoluto privilegio para quien sintiera la llamada vocacional de las Matemáticas. Esto es debido a que la Universidad de Erlangen fue en aquella época un foco de intensa investigación matemática (recordemos el famoso programa Erlangen de F. Klein) y la fama de Gotinga como centro matemático trascendía ampliamente las fronteras de Alemania. Pero tampoco fue casual que Emmy Noether naciera en tan privilegiado lugar, ya que su padre, Max Noether fue, además de un notable matemático, catedrático de Matemáticas en Erlangen. Pero a pesar de tan favorable ambiente, nada hizo presagiar en sus primeros años de estudiante que la pequeña Emmy acabaría por ocupar un lugar prominente en la historia de la Matemática moderna.
Emmy fue la mayor de cuatro hermanos. Su madre, Ida Amalie, fue una mujer totalmente entregada a la familia, por lo que el ambiente que habría de influir en la educación intelectual de Emmy procedía de su padre y muy especialmente de las personas que acudían con frecuencia a las reuniones matemáticas que se celebraban en su casa los fines de semana. Sus primeros cursos de enseñaza, en el periodo 1889-97, trascurrieron en la escuela municipal para niños, entre clases de idiomas y de economía doméstica. Si por entonces destacó en algo fue en los idiomas y muy especialmente en la danza, por la que toda su vida sintió una gran pasión.
A pesar de su extraordinaria simpatía, vitalidad y espíritu abierto, que contagiaba a todos lo que la conocían, Emmy Noether fue una mujer muy poco agraciada físicamente. Su pasión por la danza era tan fuerte que, en las fiestas a las que tanto le gustaba acudir, era ella la que casi siempre sacaba a bailar a los hombres.
A los dieciocho años Noether obtuvo el certificado que le acreditaba como profesora de lenguas en inglés y francés, aunque nunca llegaría a ejercer como tal. Y es que, por muchas opciones profesionales que se le plantearan y a pesar de las grandes dificultades que iba a suponerle, Emmy Noether sabía que, a la larga, nada impediría que dedicara su vida a lo que en ella ya se había manifestado como una auténtica pasión: las Matemáticas.
Gracias a las influencias de su padre consiguió, a pesar de ser mujer, asistir durante los dos años siguientes a los cursos de Matemáticas que se impartían en la Universidad de Erlangen. A principios del siglo XX a las mujeres les estaba legalmente “permitido” estudiar en universidades alemanas. Sin embargo y con muy pocas excepciones, lo habitual era que un profesor no diera comienzo a sus clases si en el aula detectaba la presencia de alguna mujer.
En 1903 aprobó un curso en Nüremberg y al año siguiente tuvo el privilegio de poder asistir a
los seminarios que impartían matemáticos de la talla de Klein, Hilbert o Minkowski. En 1907, y bajo el apadrinamiento de P. Gordan, se doctoró con una tesis titulada “Sobre la construcción del sistema de formas de la forma bicuadrática ternaria”. Para llevar a cabo este trabajo, que fue publicado en los Mathematische Annalen, tuvo que llevar a cabo un insidioso listado de sistemas de 331 formas covariantes. Años más tarde, la propia Noether calificaría esta tesis doctoral de “mamarrachada”, dejando así muy claro cuál iba a ser la tendencia que marcaría su carrera profesional, al alcanzar cada vez mayores de niveles de abstracción en las estructuras algebraicas.
En aquella época, a las mujeres no les estaba permitido dar clase en ninguna universidad alemana, por lo que el único trabajo al que pudo acceder fue el de sustituir a su padre en algunas de sus actividades docentes, cuando éste se ausentaba por problemas de salud. Sin embargo, el resultado de sus investigaciones se publicó en numerosas revistas especializadas y su nombre empezó a circular de boca en boca por entre los círculos matemáticos más importantes de Europa, conscientes de que Noether estaba iniciando una profunda reforma en el Álgebra moderna, de la que daban testimonio publicaciones como “Teoría de ideales en anillos” o su famosa memoria sobre “Sistemas hipercomplejos en sus relaciones con el Álgebra Conmutativa”.
Los chicos de la Noether
Todos los intentos para que Noether llegara a acceder a un puesto académico remunerado fueron inútiles. A este respecto, es conocida la anécdota que protagonizó Felix Klein, quien exasperado porque todos los impedimentos que ponían las autoridades académicas al ingreso de Noether en la universidad fueran debidos al hecho de que era mujer, preguntó al claustro a voz en grito “¿Esto es una universidad o son unos baños públicos?”
En 1915, Klein y Hilbert instaron a Noether para que se trasladara a Gotinga. Aquella sería, según su propio testimonio, una de las mejores épocas de su vida. Un patrimonio familiar bien administrado y un modesto tren de vida permitieron a Emmy Noether dedicarse plenamente a la investigación y divulgar sus conocimientos dentro del selecto círculo que se generó en torno suyo.
Sus “satélites” como decía ella o los “chicos de la Noether”, como los llamaban en los círculos intelectuales de Gotinga, se reunían con frecuencia en la buhardilla en la que vivía Noether. Después de engullir las grandes fuentes de flan que ella misma había cocinado, se dedicaban a asimilar nuevas teorías matemáticas que luego transferían al resto de la comunidad internacional.
Noether era de origen judío y con la llegada de los nazis al se vio obligada a abandonar cualquier tipo de actividad docente, fuera en una universidad o en la buhardilla de su casa. En 1933 se trasladó a los EEUU como profesora invitada en el Bryn Mawr College, en Pennsylvania, centro en donde conoció por primera vez el privilegio de no ser discriminada a causa de su sexo. Albert Einstein coincidió con Noether durante el breve período que ésta pasó en Princeton, con lo que tuvo ocasión de penetrar a fondo en la Teoría de Invariantes que ésta había desarrollado, lo que le permitió consolidar algebraicamente la recién nacida Teoría de la relatividad.
La muerte de Emmy Noether, acontecida el 14 de abril de 1935, cayó como un jarro de agua fría sobre la comunidad científica y cogió por sorpresa a todo el mundo, ya que murió en el curso de una operación de un tumor sobre el que no había puesto en antecedentes absolutamente a nadie, ni de palabra, ni por escrito.