Hypatia está considerada por muchos historiadores como la primera mujer científica de la historia. Se ha creado una leyenda en torno a su inteligencia, que iba a la par con su belleza. Pero desgraciadamente también es el paradigma de cómo el fanatismo religioso es capaz de destruir simultáneamente ambas cosas, el saber y la belleza.
Los pocos datos que se tienen sobre la vida de Hypatia proceden del historiador Sócrates Escolástico, quien escribió una biografía 120 años después de su muerte. Hypatia nació en Egipto en el año 370. Era hija de Teón de Alejandría, un importante matemático y astrónomo, profesor del Museo de Alejandría, conocido por sus trabajos sobre los Elementos de Euclides y la Aritmética de Diofanto.
Al percatarse de las extraordinarias dotes de su hija para las ciencias, Teón se hizo cargo personalmente de su educación, introduciéndola en los fundamentos de las Matemáticas, la Astronomía y la Filosofía. Esta fue una actitud audaz para una época en la que era casi impensable que una mujer se apartara del rol de esposa y madre. Muy pronto Hypatia dio muestras de su talento y, siguiendo los pasos de su padre, dio clases de matemáticas y filosofía en el Museo de Alejandría, uno de los centros más importantes del conocimiento del mundo antiguo. Padre e hija trabajaron juntos en varios textos matemáticos y en observaciones astronómicas.
Teón pretendía hacer de su hija, según sus propias palabras “un ser humano perfecto”, algo que consiguió si damos fe al testimonio de Sócrates Escolástico: “La belleza, inteligencia y talento de esta gran mujer fueron legendarios. Superó a su padre en todos los campos del saber, especialmente en la observación de los astros”. Cuentan los biógrafos de Hypatia que, desde muy temprano en la mañana, ella dedicaba varias horas al ejercicio físico, después tomaba baños que la relajaban y le permitían concentrar la mente para dedicarse, el resto del día, al estudio de las ciencias, la música y la filosofía. Todo este ceremonial formaba parte de plan educativo de su padre.
El Museo
Alejandría había sido, desde su fundación por Alejandro Magno, una ciudad cosmopolita en la que convivían egipcios, judíos, persas, romanos, griegos, árabes y sirios. Tras la caída del imperio alejandrino, Ptolomeo I, que heredó Egipto, convirtió Alejandría en la capital de su imperio y fundó una escuela, a la que se puede considerar como la primera Universidad de la historia, con dos bibliotecas, una de 500.000 volúmenes, que era de uso interno; y otra con 43.000 ejemplares de consulta para cualquiera que quisiera acceder a ella. Tenía una sección de Historia Natural con animales vivos y especies disecadas, un observatorio astronómico, salas de música, estudios, clases, un importante taller, en el que se diseñaban y construían aparatos científicos, y recintos para alojar durante largas temporadas a los sabios que venían de países lejanos. Ptolomeo bautizó a este centro con el nombre de Museo, palabra griega que quiere decir “lugar en el que habitan las musas”.
Maestra de maestros
Hypatia, aparte de contados viajes a Italia y Atenas para recibir algunos cursos de Filosofía, se formó como científica en el Museo. Siguiendo el camino iniciado por su padre, centró sus investigaciones matemáticas en la Geometría de Euclides y la Aritmética de Diofanto, siendo además la autora de un trabajo que se hizo muy popular sobre las cónicas de Apolonio. También se interesó por las ciencias aplicadas, inventando un astrolabio y creando, en los talleres del museo, varios instrumentos de medición, como un nivelador de agua, un higrómetro y un aparato para destilar agua.
Heredera de la escuela neoplatónica de Plotino, explicaba todas las ciencias filosóficas a quien lo deseara. Por esta razón, según palabras del propio Escolástico: “Quien quisiera pensar filosóficamente iba desde cualquier lugar hasta donde ella se encontraba”.
Final
En tiempos de Hypatia, el Museo era una institución con cerca de siete siglos de antigüedad, pero el cristianismo, que se había asentado en los círculos de poder estableciéndose como religión oficial, veía en este centro del saber griego un importante foco de paganismo que debía ser eliminado. Alrededor del año 400 Hypatia fue nombrada directora del Museo, convirtiéndose así en un blanco directo del fanatismo religioso imperante. En varias ocasiones fue conminada a convertirse al cristianismo, una maniobra más de carácter político que religioso, ya que en su ideología no cabía el que una mujer ocupara ningún tipo de cargo público. Hypatia mantuvo en todo momento su postura intelectual y vital, negándose a abrazar una religión en la que no creía.
En el año 412 el patriarca cristiano Cirilo, uno de los máximos representantes del fanatismo católico, mandó quemar y destruir el Museo. Tres años después unos esbirros de Cirilo acecharon a Hypatia cerca de una iglesia. La apresaron y la introdujeron dentro. La desnudaron y le arrancaron la piel con conchas marinas hasta provocarle la muerte. Luego arrastraron su cuerpo desollado por las calles de Alejandría. Era el año 415 de nuestra era.