El matemático más prolífico de todos los tiempos y maestro de maestros hizo que, con su obra y durante muchos años, todos los grandes y pequeños matemáticos pudieran considerarse alumnos suyos.
Fórmulas de Euler, polinomios de Euler, constante de Euler, integrales de Euler, números de Euler… para un estudiante de Matemáticas es prácticamente imposible no conocer el nombre de Euler, que es una seña de identidad que aparece en toda la bibliografía de la Matemática clásica desde el siglo XVIII hasta nuestros días. No hay rama de la Matemática clásica, desde el Cálculo, las ecuaciones diferenciales, la Geometría Analítica y Diferencial, pasando por la Teoría de Números o las Series y el Cálculo de Variaciones, en la que no aparezca alguna de sus obras.
La versatilidad de un genio
A los veinte años, Euler se dirigía a la Academia de San Petersburgo para ocupar un puesto de profesor de Fisiología en la facultad de Medicina. ¿Estamos hablando de la misma persona? Sí, de la misma persona que dos años antes había ganado un premio de la Academia de Ciencias francesa por un trabajo sobre la arboladura de buques, el mismo que creó la mecánica analítica y la de cuerpos rígidos, que estudió el pandeo de vigas y la carga de seguridad de una columna, el efecto de perturbación de los cuerpos celestes sobre la órbita de un planeta, la teoría de proyectiles y de las mareas, así como la propagación del sonido y la asonancia y disonancia musical. Y que, de paso, también llevó a cabo trabajos prácticos sobre la acuñación de moneda, las conducciones de agua y los canales de navegación o sobre el régimen de seguros para un sistema de pensiones, y que en Rusia trabajó como director del Departamento de Cartografía y como comisario de Pesos y Medidas. Hablamos de Leonhard Euler, una de las figuras más importantes de la historia de las Matemáticas.
Biografía
Leonhard Euler nació en Basilea, Suiza, en 1707. Hijo de un pastor calvinista que había tenido una importante formación matemática como discípulo de Jacques Bernouilli, encontró muy pronto el ámbito en el que desarrollar su incipiente vocación matemática. Estudió con Jean Bernouilli, junto a los hijos de éste, Nicolaus y Daniel, con los que mantendría una sólida amistad a lo largo de su vida.
Euler tuvo trece hijos, ocho de los cuales murieron siendo pequeños, y veintiséis nietos. Escribió la mayoría de sus memorias inmerso en el ambiente familiar de su hogar y aún y le quedaba tiempo para construir a sus nietos juegos científicos y leerles la biblia.
Un día, jugando con uno de ellos, murió repentinamente a la edad de 76 años. Es casi un epitafio la célebre frase de Condorcet refiriéndose a Euler: “dejó de calcular y de vivir”.
La productividad matemática de Euler rayaba lo increíble. Él mismo decía que su lápiz parecía sobrepasarlo en inteligencia, por la facilidad con que fluían a través de él sus escritos. Obras inéditas de Euler continuaron apareciendo después de su muerte en las publicaciones de la Academia de San Petersburgo. Sus obras completas, que han de publicarse bajo los auspicios de la Academia de Ciencias Suiza, ocuparán 90 grandes volúmenes.
La capacidad de cálculo y la memoria fotográfica de Euler eran proverbiales. Podía leer y escribir en latín y griego clásicos, en francés, alemán y ruso. Podía recitar de memoria las seis primeras potencias de los cien primeros números y se sabía de memoria libros como la Eneida (incluso podía recordar las primeras y las últimas líneas de cada página de la edición que solía utilizar.).
La simbología matemática
La mayoría de notaciones introducidas por Euler todavía se utilizan actualmente. A él se deben la notación de lx para el logaritmo, el uso de letras minúsculas a, b y c para los lados de un triángulo y de mayúsculas A, B y C para los ángulos, los símbolos sen, cos, tg, así como + para representar una suma; y, quizás la más importante de todas, f(x) para representar una función, así como los tres símbolos π, e, i para representar al número pi, la base de los logaritmos naturales y
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La belleza de una fórmula
Si es cierto que la belleza puede ir más allá de la mera plasticidad para adentrarse en los dominios del espíritu, se puede afirmar que éste es el mejor de los poemas de Euler:
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Está considerada como una de las fórmulas más bellas de toda la Matemática. En ella figuran los cinco números más importantes mediante una relación de extraordinaria simpleza, pero que resume siglos de la historia del conocimiento humano.