Decir que no nos gustan las matemáticas porque son demasiado abstractas tiene el mismo sentido que decir que no nos gustan los coches porque corren demasiado, o caminar, porque andar cansa mucho.
En matemáticas existen diferentes niveles de abstracción. Aprender que el número tres se puede aplicar indistintamente a tres caballos, tres manzanas o tres soldados es un ejercicio de abstracción que, junto con el aprendizaje del habla, supone uno de los mayores esfuerzos intelectuales de los primeros años de nuestra vida y que constituye lo que en matemáticas se considera el primer nivel de abstracción.
En el antiguo bachillerato el segundo nivel de abstracción (algo que no me veo con ánimos de ubicar en los actuales planes de enseñanza) empezaba en el tercer curso con el advenimiento del álgebra y a la edad de trece años. Los números eran sustituidos por letras. Se trataba de entender que 3+5=5+3 se cumplía para números cualesquiera y que se podía expresar poniendo x+y=y+x. A partir de este momento empezaba la sopa de letras y los números escaseaban en los textos de matemáticas. Hasta cierto punto, se puede afirmar, en un sentido muy literal, que las matemáticas son una carrera de “letras” y que los números, como tales, pertenecen más al dominio de los estudios de contabilidad.
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