Riemann fue como el rey Midas de las Matemáticas, convirtiendo en oro todo lo que tocaba. Su producción es tan exigua que puede caber en un pequeño volumen, pero todo lo que está contenido en él ha supuesto, de una forma u otra, una auténtica revolución que ha trascendido al propio campo de las Matemáticas.
Georg Friedrich Bernhard Riemann nació el 17 de septiembre de 1826 en Breselenz, una pequeña aldea de Hannover, Alemania. Fue el segundo de seis hermanos. Su padre, pastor luterano y excombatiente de las guerras napoleónicas, se había casado con la hija de un abogado de poco renombre y escasa dote. Sus limitados recursos económicos apenas le alcanzaban para mantener a una familia con dos niños y cuatro niñas, por lo que se hizo cargo personalmente de la educación de su hijo Bernhard. Pero éste, a los seis años, mostraba ya tal precocidad en los problema de aritmética que se vio obligado a contratar los servicios de un profesor, un tal Schulz, quien desbordado por la arrolladora inteligencia de su pupilo se sintió francamente aliviado cuando, a los 14 años, el joven Georg ingresó en la escuela secundaria superior. Pero allí las cosas no fueron fáciles para Riemann, hasta el punto que el fracaso estuvo rondándole en más de una ocasión. La causa fue la excesiva escrupulosidad con que trataba cualquiera de sus trabajos.