Un sistema de medidas no sólo pone de manifiesto el índice del progreso técnico y científico de una cultura, sino también el nivel de su organización social, en la medida en que sea capaz de convertirse en un sistema universal.
La necesidad de medir y pesar es tan antigua como lo pueda ser cualquier tipo de organización social. La delimitación de tierras y el intercambio de bienes exigen formas de medición. Por eso las primeras medidas que aparecen en la historia son de longitud, áreas, volúmenes y pesos. Las Matemáticas han jugado lógicamente un papel crucial en este proceso, en un aspecto puramente aritmético, en cuanto a la adopción de un sistema de numeración que permitiera cuantificar las medidas, con sus múltiplos y submúltiplos y también en un aspecto geométrico, ya que el cálculo de áreas y volúmenes ha requerido de técnicas, en ocasiones tan simples como ingeniosas y, conforme el progreso científico avanzaba, con técnicas más sofisticadas. Pero fuera cual fuera el proceso de medición, sin un patrón de referencia al que poder acudir todos estos conocimientos no podrían haber tenido apenas ninguna aplicación práctica.
