“El recuerdo de Arquímedes persistirá cuando Esquilo esté ya olvidado, porque las lenguas mueren y los conceptos matemáticos no. Inmortalidad es tal vez un término estúpido, pero quizá un matemático posea las mayores probabilidades de alcanzarla, sea cual sea su significado”. G. H. Hardy
Hardy, el quinto mejor matemático puro de su tiempo (según un criterio de clasificación que él mismo había establecido) quiso ser, y en cierta medida lo fue, ante todo un matemático puro, lo que significaba que el descubrimiento matemático, para ser hermoso, no debía tener ninguna utilidad, algo que es difícil que ocurra, ya que, tarde o temprano, las Matemáticas acaban encontrando una aplicación práctica. Y la prueba es que uno de los descubrimientos de Hardy acabó por tener una aplicación muy importante en las modernas teorías de recombinación genética.